La vida (en febrero) es un carnaval.

Todos los meses tienen sus días señalados en rojo en el calendario y febrero no es una excepción. El mes que nos ocupa es conocido por varias cosas: es el mes díscolo por excelencia, no sigue la regla que marca que los meses deben tener 30 o 31 días, sino 28; cada cuatro años se suma un día y otorga al año en cuestión el calificativo de bisiesto y, como guinda, cuenta en su haber con los tan esperados y festejados carnavales.

Hermosas máscaras en las piezas de ropa Foto gratis
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Se dice que, etimológicamente, procede del italiano «carnevale» y este del latín «carnem levare», lo que podríamos traducir como «quitarse la carne», una clara alusión al período de Cuaresma que, en la tradición cristiana, es el tiempo que pasa entre el Miércoles de Ceniza (fin de los carnavales) y la Pascua (Semana Santa); un tiempo en el que, desde tiempos remotos, no se come carne -símbolo de lujuria, riqueza y ostentación-, los días de vigilia, que son el Miércoles de Ceniza y todos los viernes de la Cuaresma (incluido el Viernes Santo).

Como apunte final, la palabra carnaval tanto en singular como en su plural, carnavales, se escriben con minúscula inicial, a menos que formen parte de un nombre propio (como en el caso de que acompañen al nombre de la ciudad donde se celebren).

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